Noticias del desierto

...la vena poética de la varbarie...


SOY MIOPE DEL OJO IZQUIERDO

…En el quehacer de la duda…

El pensamiento iluminista llegó en sus barcos europeos desde muy lejos hace muchísimos siglos. Desembarco en estas tierras para quedarse, y luego fue alimentado por corriente tras corriente tras corriente de inmigraciones extranjeras. El iluminismo es un pensamiento que centra su matriz procedimental y vital en el PODER DE LA RAZÓN en detrimento de cualquier conexión que ésta pueda establecer con el burdo y denigrante sentimiento relegado a las bestias sin luz. El iluminismo fue creciendo y mutando (y por cierto que se impuso como verdad hegemónica de las formas de concebir la realidad de los pueblos del mundo). En esto Europa triunfó, y lo hizo a través de sus dispositivos de poder: la ciencia (y el pensamiento científico), la escuela, la gramática, la moral, etc. Finalmente el iluminismo adquirió diferentes matices en las sociedades modernas, constituyéndose en iluminismo de derecha e iluminismo de izquierda (dos vertientes de una misma matriz de pensamiento eurocéntrica nacidas del quiebre de la revolución burguesa). El iluminismo de izquierda llegó a los sectores que se resistían a la dominación de la burguesía como nueva clase social. Y así devino en "vanguardia". Se gestó entonces la ralea de intelectuales de izquierda autodenominada "vanguardia de izquierda". El iluminismo de izquierda, desde aquel entonces, tiñe las construcciones políticas de todas las sociedades del mundo y convive con el iluminismo de derecha. Ahora sí, desde mi humilde punto de vista, a golpes la historia de la militancia política me ha enseñado algunas cosas que como tosco que soy tardé mucho en aprender (y en ocasiones hasta desaprendo): esta tradición iluminista vanguardista impregna nuestras concepciones políticas y nos lleva a creer que el pensamiento político es un pensamiento exclusivamente racional, desprovisto de sensibilidades, de sentimientos. Esta es la trampa del iluminismo de izquierda y esta es su miopía. Ya que ningún manual (salvo el europeo de la revolución burguesa) dice que la política esté disociada de las otras manifestaciones humanas como la pasión, los sentimientos, la expresión, el cuerpo, la amistad, la música, etc. Es así que en la actualidad me ha tocado ver a celebres "politólogos" autoproclamados que despotrican contra los "militantes que vociferan sus consignas vacías por la calle" creyendo que eso los transforma en personas irracionales que no analizan políticamente sus acciones. Cuando en realidad, y como me ha tocado en más de una oportunidad estar con esos que vociferan, estos militantes de la calle habían analizado mucho mejor (aún con conceptos mucho más rudimentarios) la realidad social y habían tomado una posición con el cuerpo para defender emotivamente aquello que consideraban justo. Lamentablemente, esos politólogos tienen un pensamiento muy soberbio y lamentablemente muchas veces esa soberbia también la tienen los militantes cuando creen que pensar y leer es academicismo. Ni una cosa ni la otra. Por suerte acá y en todas partes existen los grises. Es curioso, pero entre la política y el juego existen mucho más vinculos para mi de los que comunmente se cree. Y en ese sentido, la política y el fútbol tienen mucho en común. Porque en definitiva hay un campo, porque en definitiva hay equipos enfrentados, porque se necesita de táctica y estrategia, porque se necesita del apoyo de la hinchada, porque se necesita de saber hablar y escuchar para entender las indicaciones del técnico pero también se necesita saber sentir para escuchar todas las esperanzas de esa enorme cantidad de gente que espera el mejor resultado para alegrarse un poco la vida. Ahora que lo pienso mientras escribo estas líneas, creo que a veces hay separaciones que se imponen para no dejarnos pensar mejor lo que nos pasa, como por ejemplo esta del fútbol y la política. Al fin y al cabo la economía no es la única forma de ver la realidad. De eso estoy segurísimo. Aunque de eso nada más. Porque ahora que lo pienso no estoy seguro de ninguna otra cosa, y a veces no me gusta cuando en la facultad te obligan a estar seguro de algo. Por qué, yo quiero dudar. En fin, el tiempo también me enseñó a fuerza de tropiezos que dudar no es directamente proporcional a no hacer nada...y acá estamos en el quehacer de la duda... saludos para todos




 
                                                                                           Paraná, 29 de Julio de 2009





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